Esta semana han tenido lugar dos
acontecimientos que son la cal y la arena, la cara y la cruz de la moneda y la
derecha y la izquierda. El pasado lunes Esperanza Aguirre anunció su dimisión,
inesperado, imprevisible, para mí, la cara. Ayer, martes, Santiago Carrillo
falleció, para mí, la cruz.
No, no me dan pena tus lágrimas, no me conmueven, me alegro,
y al igual que yo lo hicieron millones de madrileños. Con la dimisión de
Esperanza Aguirre se pone fin a un periodo en el que la ‘presidentisima’ se ha
cargado, entre otras muchas cosas, la educación, ese pilar básico e
imprescindible en toda sociedad. La ex presidenta de la Comunidad no sólo era
una figura política, sino también social. Siempre odiada, criticada por sus
duras medidas, pero reelegida una y otra vez.

Tras conocerse la noticia la red se inundó de innumerables
comentarios, la mayor parte de ellos celebraba la dimisión de la ahora ex
presidenta. Los madrileños vitoreaban el fin de un gobierno conservador,
Esperanza Aguirre era el Partido Popular personificado, la derecha, esa que se
ponía una y otra camiseta de equipos de fútbol, que si había que picar picaba,
y si había que ponerse a correr, corría. Esa experta en hacerse
fotografías en los hospitales en la parte en la que estaba terminada, cuando la
otra estaba prácticamente sin empezar, esa que ha traído Eurovegas a Madrid. Espero,
sinceramente, que la dimisión no sea por una enfermedad, si no es así, gracias
Esperanza, de todo corazón, por fin se va a respirar en Madrid.
La cruz, el fallecimiento de Santiago Carrillo. Ex dirigente
del Partido Comunista, polémico por su actuación en la guerra civil, pero
esencial en la lucha por la paz durante la Transición. Era una época difícil,
de crispación, clave para la historia de nuestro país y Santiago Carrillo aportó
el coraje y la experiencia necesarias.
Un hombre que fue historia antes de morir, comprometido con
su gente, opositor al franquismo, caracterizado por su verdadero valor, que durante el
intento del golpe de Estado de Tejero se mantuvo de pie, no iba a poder con él. "Con su muerte no sólo
se ha ido un hombre de izquierdas, sino un pedazo de nuestra historia", como
bien declaró Alfredo Pérez Rubalcaba. Sus gafas y su cigarrillo le acompañaron
toda su vida, ahora se apaga, pero quedará en la memoria de todos, para algunos
simplemente como el dirigente del Partido Comunista durante la guerra civil,
para otros como esa persona clave en la Transición española y luchador incansable de una izquierda resquebrajada.
Hay quien sigue sin entender por qué decidió apartar su
lucha por la tercera república y aceptar una monarquía, simplemente comprendió
que cada cosa tiene su momento, y aquel, era el momento de luchar por el
bienestar de los españoles, de salvar una nación que había sufrido una
dictadura. "España mañana será republicana, pero de momento hay cosas más
urgentes", declaró hace poco Santiago Carrillo en una de sus últimas intervenciones.
Su muerte es la de el último político que consiguió ilusionar a la población, hacer sentir de verdad sus ideas y luchar por ellas, sean más o menos acertadas. En la actualidad, no hay ni un sólo político que consiga despertar en la población ese sentimiento que solo ellos despertaban.
Un adiós obligado y sentido, otro, lleno de júbilo. No
siempre puede soplar el viento hacia el mismo sitio, pero parece que hoy, lloramos todos.
@palomaperezdiez
Qué razón tienes. Yo también me alegré de la dimisión de Aguirre, y mucho. Y lamento la muerte de Carrillo, aunque algunos medios ni siquiera se han hecho eco de la noticia.
ResponderEliminarPor cierto, ¡un post genial!